Esta
historia se remonta a una semana antes de que naciera mi “mini g”,
sábado 9 de abril, la mañana fue complicada, me levanté bastante
mala, el desayuno me sentó como el culo y a eso de las 12 más o
menos empiezo con contracciones.
Un
par de días antes me bajé una aplicación para el móvil que
controlaba las contracciones, etc. Después de casi una hora con
dolores, decido irme a casa de mis padres a comer. Cristian estaba
trabajando y quería esperar a que viniera. Cuando llegamos a casa
empiezan a espaciarse y se me pasan los dolores, así que nada… qué
le vamos hacer, Chloe ha decidido esperar.
Durante
la semana siguiente, los días no mejoraban, todas las noches a
cuatro patas haciendo algún ejercicio, tambaleándome de un lado a
otro, en fin, qué os voy a contar que no hayáis pasado ya. Le decía
a Cristian:
- uff, de esta noche no pasa”
Qué
ilusa, el jueves subí a hacerme el exudado vagino-rectal que te
hacen unos días antes de la fpp, y me dijo la enfermera que estaba a
puntito, que estaba dilatada de 3 centímetros y que no iba a verme
para monitores, que como mucho me daba tres días, qué poco se
equivocaba.
Al
día siguiente, viernes, vi a una amiga, yo no podía ni andar,
estaba malísima con mareos, vómitos, una cara que tenía… lógico,
me quedaban 24 horas para ponerme de parto.
Y
llegó el gran día, sábado 16 de abril de 2016. Me levanto como
una pera, super bien, después de haber dormido toda la noche de un
tirón, y me digo:
- ¡Será posible, veo que no sólo llego a la fecha como con Naia, sino que soy hasta capaz de pasarme, todavía veo que me lo tienen que provocar!
Salimos
a comprar las madres, Naia y yo. Desayuné perfectamente, corrí y
jugué con mi hija en el supermercado, me sentía tan bien que las
chicas decidieron ir a por carne a otro supermercado. Como me sentía
pesada y Naia no quería salir del coche, decidí quedarme con ella
en el parking dentro del coche, además llovía muchísimo y como era
ya tarde pensábamos que no iban a tardar mucho. ¡Ay, amigas, qué
equivocada estaba!, Naia empezó a portarse un poco trasto así que
le dejé mi móvil, y empecé a sentirme un poco acalorada. Me quité
el abrigo, como os he dicho antes, llovía y hacía bastante frío,
empecé a tener molestias, así que con el reloj de muñeca empecé
a controlarme esos dolorcillos, que empezaron normales, pasados 10
minutos empecé a sudar y a tener náuseas, tuve que salirme del
coche en manga corta y lloviendo a mares porque cada vez era un dolor
más intenso y fuerte y sólo me calmaba con los meneítos y
agachándome como si hiciese sentadillas, vamos, un cuadro en toda
regla. Me volví a meter en el coche porque iba a coger una pulmonía,
y después de una hora y cuarto, salieron las madres de comprar, yo
estaba con la cabeza en el reposa brazos y agarrándolo con fuerza de
los dolores que tenía ya, por mi cabeza sólo pasaba ahora sí
que sí, es el día.
Me
pregunta mi madre:
- Jess, ¿qué te pasa?, levanto la cabeza y cuando me ve la cara exclama ¡vámonos al hospital ahora mismo, estás de parto!
- ¿Cómo lo sabes? Pregunté.
- Lo sé, así que vamos a dejar a Naia en casa y nos subimos las tres, me contestó.
Y
eso hicimos, dejamos a Naia y pasamos por casa a por los papeles. La
veo que baja con la maleta y todo, y le digo: ¿dónde vas con la
maleta, si seguro que me echan para atrás?, pero cuando llegamos a
las 14.30 me exploran y no, no me voy a casa, me quedo, efectivamente
estoy de parto, entro con 5 de dilación y me ponen la epidural.
Mientras
tanto, mi tía llama a Cristian, estos últimos días se llevaba el
móvil al trabajo porque como habéis leído me ponía muy mala, y le
dice que estoy en el hospital, que estoy de parto. El pobre ni se
cambia porque claro, voy muy deprisa. A las 17.30 pasa la matrona y
cuál fue nuestra sorpresa… ¡no había dilatado nada desde que
entré!, la bolsa no se había roto, aunque expulsaba líquido, y la
matrona decidió romperla y ponerme oxitocina, así que procede a
romperla y empiezo a echar líquido. Me dice que me deja un ratito
para terminar de expulsarlo todo y que ahora pasa con la medicación.
Al cabo de una hora más o menos empiezo a notar un dolor inmenso, le
digo a Cristian que me mire que creo que tengo la cabeza cerca, no
puedo aguantar y tengo la necesidad de empujar, me dice que espere
unos minutos pero que si no puedo, llama a la matrona y que me
explore. No dio lugar, en ese momento entraba por la puerta, me
explora y me dice:
- Increíble, si lo sé te rompo la bolsa antes.
Efectivamente
la cabeza estaba ahí, me dice que va a por todos los instrumentos,
no me da tiempo a ir al paritorio y que vaya empujando cuando sienta
la contracción. La muchacha tardó unos segundos, trajo todo el
instrumental necesario, y en la habitación de dilatación di a luz,
sí, sí, habéis leído bien, en la salita de dilatación di a
luz, como antiguamente, sin potro, y sin casi epidural. Empecé a
empujar con cada contracción, me sentía cansada, no era tan fácil
como en el potro con tus agarraderas, en fin, ya sabéis, haciendo
fuerza cogiéndome la piernas y en uno de esos pujos Cristian me
dice:
- ¡Ahí está la cabeza, falta poco cariño!
La
matrona me dice que si quiero tocar la cabecita, al principio digo no
y enseguida digo sí, la toco y digo:
- ¿Qué es eso que noto?
Y
me dice Cristian y la matrona a la vez, ¡es pelo! “QUE TIENE
PELOOOO” asombrada, no me lo esperaba, Naia nació calva y me
parecía tan raro que Chloe tuviera pelo que dije ¡no puede ser!, me
estáis mintiendo, pero no, efectivamente después de dos pujos más
salió mi niña, mi pequeña, mi bomboncito, no podía ser más
feliz en ese momento, sentía que estábamos por fin completos,
podíamos decir que después de todo lo malo pasado, teníamos
nuestra gran recompensa, una familia completa con dos maravillosas
niñas.

